Biografía

Si hay una palabra que define la relación de Iván Sadia con el rock and roll es pasión. Sólo con ella se explica que a sus 44 años, tras una vida musical llena de altibajos y de más sinsabores que satisfacciones, siga entregado a su oficio de rockero impertérrito y melómano compulsivo.

Su vocación despertó a finales de los 80. Artistas nacionales como Loquillo o Los Rebeldes fueron los primeros referentes de un adolescente que perforó su oreja con un aro para parecerse a sus primeros ídolos, y le costó una infección en el lóbulo. Su primera guitarra eléctrica fue un regalo de sus padres, una Fender Stratocaster japonesa de color negro que utilizó en sus formaciones iniciales y con la que empezó a escribir sus primeras canciones. En la era pre-internet de los 90 y en una ciudad como Zamora, no era fácil conseguir los vinilos de los clásicos del género; Aerosmith, The Black Crowes o Extreme fueron los grupos contemporáneos que abrieron el camino y su primer contacto con la música de su vida. De aquella época son formaciones como Diseminados s/n o Kefrén, junto a su hermano Manuel a la batería, proyectos llenos de ambición pero de escasa repercusión mediática.

A finales de los 90, tras un tiempo de retirada motivado por sus estudios universitarios, llegó su verdadera revelación musical. A raíz de su estancia en Atlanta (USA) junto a su mujer Isabel, donde trabajó como profesor de Lengua y Literatura en Emory University, redescubrió el blues rock; pudo tocarlo con sus manos en ciudades como Memphis o Nueva Orleans y comprobar que, todavía allí, seguía vivo. De vuelta a España con la cabeza llena de música, decide poner en marcha otra vez su carrera artística. Para ello cuenta con el apoyo incondicional de sus hermanos Manuel a la batería y Mario al bajo. Empiezan a dar forma a Sadia y graban el EP Cruce de caminos (2014) que tuvo una buena acogida entre el público y la crítica especializada. Con él consiguieron el premio en el Festival Internacional de las Artes de Castilla y León FACYL 2014, telonearon a M-Clan en la Plaza Mayor de Salamanca en 2015, y tras su Tour Cruce de caminos las cosas por fin empezaban a rodar. Todo parecía estar listo para un nuevo trabajo discográfico.

Pero de nuevo el destino le tenía reservada una de esas temporadas en dique seco a las que ya parecía acostumbrarse. En octubre de 2016 su hijo más pequeño fue diagnosticado de leucemia. Tras un golpe como este es difícil reponerse y salir intacto, y a su vuelta a los escenarios decide seguir su carrera en solitario. Con la ayuda inestimable de su manager y amigo Paco Muñoz, retoma el camino y empieza a trabajar con su banda, formada en el presente por Mario Sadia, que sigue ocupando su puesto de bajista y mano derecha, y Javier Romero a la batería.

Su nuevo álbum La flor del opio, publicado en noviembre de 2018, ha sido elaborado en los estudios Guitar Town Recordings de Cantabria y coproducido por Hendrik Röver, líder de Los DelTonos y productor de innumerables trabajos discográficos. En este disco han participado, además de su banda actual, Iñigo Uribe al piano (M-Clan), Lucas Albaladejo al hammond (Carlos Vudú, Loquillo) y el propio Hendrik Röver y los Míticos GT ́s.

Se trata de un trabajo repleto de buenas canciones originales entre las que, además, se encuentra Jinete a medianoche, su adaptación al español del clásico Midnight Rider de The Allman Brothers Band. Un disco en el que la música se convierte en un refugio, un lugar situado inevitablemente al sur, donde resuenan muchos sonidos y momentos de su vida.

LA BANDA

MARIO SADIA

JAVIER ROMERO

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